Finalizar videollamada

A diferencia del atún en lata y de las galletas saladas, nuestro amor caducó al finalizar la cataclismo. 

¿Entonces para qué lanzamos tantos frascos al mar, para qué lo contaminamos con el desasosiego —antiquísimo como las pestes mismas— sin causa ni pretexto aparente?

Porque responder mensajes de cariño a tientas —no hay que olvidarlo— nos salvó de hundirnos en un profundo abismo; de aquel lugar sin retorno donde las criaturas se vuelven monstruos transparentes atravesados únicamente por una densa oscuridad.

Publicado por primera vez en «Lecciones del aislamiento» de la UDG.

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